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El responsable de Salud Laboral de la Inspección de Trabajo y el jefe de prevención de Etosa advierten en un estudio de que la mayoría de estos siniestros son evitables

ZENON GUILLEN CITA:
«Es mucho que casi la mitad de las 500 inspecciones de seguridad en el sector de la construcción que se realizaron el pasado año en la Región, sin contar los accidentes en obra -investigados de forma separada-, acabaran en un expediente de infracción», advierte José Antonio Sanz Miguélez (Madrid, 1972), jefe de la Unidad de Seguridad y Salud Laboral de la Inspección de Trabajo de la Seguridad Social de Murcia, quien junto a Ramón Pérez Merlos (Totana, 1976), director del servicio de prevención de la empresa Etosa, son los autores de una ambiciosa publicación, donde se aportan soluciones concretas, ideas y un mejor conocimiento de la normativa de cara a reducir los riesgos de siniestralidad laboral.

Seguridad y salud en construcción. Análisis normativo y soluciones prácticas, editado por Thomson Reuters Aranzadi, es el título del libro -dos volúmenes con más de 2.500 páginas y más de 3.000 fotografías y esquemas- Una obra monográfica en la que se ofrecen «respuestas prácticas a dudas y situaciones que se plantean en el día a día en el tajo», aclara Pérez Merlos. La presentación oficial tendrá lugar el próximo 23 de abril en Madrid, en la Real Academia de la Jurisprudencia y Legislación, mientras que la puesta de largo en Murcia está programada para el 6 de junio en la Cámara de Comercio.

Incremento de los accidentes
«Si tuviéramos la concienciación preventiva que todos deberíamos tener, sin duda, el número de accidentes no se hubiera ido incrementando en los últimos tiempos. Tras una pequeña reducción por un descenso de la actividad, debido a la crisis, con la recuperación económica se ha notado un repunte que, aunque no es muy excesivo, sí se ve más ligado a las reformas y a los trabajos de mantenimiento», reconoce Sanz Miguélez, quien insiste en la importancia de que se asuma que, «con una pequeña inversión en prevención, se evitarían muchos accidentes, ya que la mayoría son reiterados, sobre todo, caídas y, principalmente, desde cubiertas. «Por que uno se queda siempre con la sensación de que la mayor parte son evitables», añade.

Al respecto, el documento elaborado aborda el conjunto de obligaciones en materia de gestión preventiva que deben asumir las empresas; así como las exigencias a cumplir por promotores, contratistas, subcontratistas y trabajadores autónomos. También se explica al detalle la utilización, en condiciones de seguridad, de todos los equipos de trabajo y medios auxiliares presentes en una obra, ofreciendo soluciones técnicas que pongan fin a las situaciones de riesgo. Todo un manual que debe convertirse en guía para cualquier empresa, así como también para los trabajadores, técnicos de prevención, ingenieros, arquitectos, proveedores, entre otros.

Sanz Miguélez admite que, a nivel de regulación, «hemos ido pasando de una normativa más exhaustiva, como la que había en los años 70, a otra un poco más genérica y abierta a la hora de determinar las exigencias de cómo se han de cumplir las obligaciones en materia preventiva, todo ello con el problema de que, mientras la evolución que ha habido en el sector desde el punto de vista técnico ha sido enorme, la actualización regulatoria se ha estancado». Y el ejemplo lo representan las obras sin proyecto que ni lo contemplan.

«Inspección de Trabajo está haciendo un control muy exhaustivo en cuanto a la seguridad en la construcción en la Región. Hay treinta inspectores y otros cuatro subinspectores de prevención de riegos laborales entre cuyas principales finalidades tienen comprobar las medidas de seguridad», reivindica el jefe del servicio. También se realizan campañas informativas específicas para concienciar.

En este aspecto, desde la visión de las empresas, Ramón Pérez argumenta que «este sector es de los más fiscalizados y de los que más exigencias tenemos, ya que, además de la formación en prevención que cualquier trabajador debe recibir en su puesto, existe un convenio colectivo que, desde 2006, nos exige que cada operario tenga una formación específica en el oficio que realice». Sin embargo, reconoce que «tenemos aún pendiente el caballo de batalla de la formación práctica, que todavía no es la suficiente, y por eso, en este trabajo, hemos buscado incidir en este aspecto».

La dificultad de los diseños
«La realidad del día a día en las obras actuales, con muchos cambios de diseño que presentan dificultades a la hora de ejecutarlos, es otra circunstancia que obliga a innovar continuamente», indica el responsable de prevención de la constructora totanera, quien hace referencia al papel clave que tienen los promotores para que, «desde que se proyecta un edificio, se tenga en cuenta la seguridad». Luego están las dificultades añadidas «por las prisas, por ahorrar y por la falta de planificación, lo que lleva a realizar determinados trabajos que no cumplen con las medidas de seguridad», matiza el jefe de Salud Laboral de la Inspección de Trabajo.

Y lo peor es que «los propios trabajadores han asumido que forma parte de su tarea subirse, por ejemplo, a ocho metros de altura a una cubierta, sin verificar si es transitable, si los medios de protección anticaída son adecuados», puntualiza.

Por ello, la urgencia de concienciar contra todo tipo de riesgos, tal como recoge el libro, en cuanto a ergonomía (manejo de cargas, posturas forzadas) o higiene (exposición a material con amianto o productos químicos). Por no hablar de otras cuestiones que están ahí tapadas, como el consumo de alcohol y drogas. «Un problema que no es nada fácil de combatir», según el ejecutivo de Etosa.

Aprender «a base de palos»
Aunque «sucede que la mayoría de las veces solo aprendemos a base de palos, ya que el miedo a la sanción preocupa, más aún la responsabilidad penal», insiste Ramón Pérez. Y es que «seguimos pensando más en producción que en prevención, en hacer las cosas rápido; aunque igual se puede hacer todo un poco menos rápido, pero bien», hace hincapié José Antonio Sanz. Y ahí hace referencia también al «exceso de horas extraordinarias por los plazos».

En cualquier caso, subraya que «muchas veces lo que pasa es que se piensa que la prevención vale con que se tenga un soporte documental, es decir, se piensa en un proyecto que reporta un beneficio, pero no se tiene en cuenta desde el principio la seguridad de las personas».

Y esa visión para combatir la siniestralidad tiene que arrancar también desde los propios desplazamientos "in itinere" al ir o volver de la obra a su domicilio. De ahí que alerte sobre la carga adicional que asume «quien tiene que conducir normalmente la furgoneta en la que se suele desplazar la cuadrilla de trabajadores». Una realidad que es de más difícil control.

Pérez Merlos concluye sobre la importancia de cara al futuro, para que «la cultura preventiva se aprenda desde la base, en los propios colegios».

(Fuente laverdad.es)

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